1ª vuelta torneo otoño/invierno
13 de noviembre11:00 PETER’S - COINASA
11:00 BURGUER - CARAMELO
12:10 HUARGO - INSULAE
20 de noviembre
11:00 PETER’S - HUARGO
11:00 INSULAE - CARAMELO
12:10 COINASA - BURGUER
27 de noviembre
11:00 CARAMELO - COINASA
11:00 ANARQUÍA - HUARGO
12:10 INSULAE - PETER’S
4 de diciembre
11:00 HUARGO - CARAMELO
11:00 COINASA - INSULAE
11 de diciembre
11:00 CARAMELO - PETER’S
11:00 INSULAE - ANARQUÍA
12:10 COINASA - HUARGO
18 de diciembre
11:00 PETER’S - ANARQUÍA

piernas que el de las manos, no señor. El escalofrío que le recorría la espalda al recibir el recipiente vacío y la encomienda del cura que atendía el colegio se transformaba, ahora, en adrenalina que le hacía volar sobre las aceras para adelantarse a cualquier competidor y llegar el primero al caladero que se preveía lleno de donantes en espera de hucha con infante embrazado. Ese su primer año como pequeño colaborador de esa grande jornada mundial de las misiones tuvo la brillante ocurrencia de plantarse a la puerta del bar de su tía, dónde ora por reconocerle como el sobrino, ora por entender los clientes que se gastaban sus pesetas en cosas de las que podían prescindir mientras los negritos para los que pedía Paco no podían, ni debían, prescindir de comida, vestido, educación . . . etc., consiguió que la gente se hiciese la jarrita y logró casi llenar su hucha. Todavía recuerda al señor alto, ligeramente despeinado y con gabardina beige que fue el primero en darle un billete, en vez de las habituales monedas, y como no podía introducirlo en la ranura contempló por unos segundos la cara de Paquito, quién le pareció un ángel de gesto responsable y decidido a darlo todo por la causa, y le dijo: -Chaval entra en el bar y cámbialo por dos monedas de cincuenta-. Todo un reconocimiento para la labor que estaba realizando. Paquito no necesitaba el alambre que sellaba la tapa de la hucha; a los ojos de aquél generoso señor era digno de la confianza suficiente para poner en sus manos el dinero. Paquito recogió el billete, dio las gracias, le puso tantos adhesivos con el logo de las Obras Pontificias Misionales como le permitió el condecorado y entró en el bar de su tía para que José Antonio, el camarero, se lo cambiase por las dos monedas de cincuenta según el mandato que había recibido. Paquito, ya desde pequeño, era muy cumplidor.



